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Embarazos fantásticos


En “Embarazos fantásticos”, la lógica del poema se construye a partir de un imaginario donde la gestación deja de ser un proceso biológico para convertirse en una metáfora psíquica. El texto abre con un nacimiento imposible: nubes paridas por el viento y el humo, lágrimas que al rodar se convierten en perlas enterradas. Esta imagen inaugural evoca un origen sin cuerpo, una fecundación atmosférica que desplaza la maternidad hacia lo impersonal, lo ingrávido, lo que no pertenece a nadie. Ya desde allí se percibe una tensión entre creación y abandono, entre lo que nace y lo que no puede ser reconocido. La insistencia en lo que “nadie comprende”, lo que “nadie ve”, marca uno de los ejes fundamentales del poema: la invisibilidad del proceso creativo y la soledad del sujeto que lo encarna.

El texto avanza hacia un territorio en que la gestación es una forma de posesión. El fuego y la tristeza “alumbran ardores”, como si la melancolía tuviera la capacidad de producir vida. Pero la vida aquí no es un fruto amable; es un “efluvio profundo y enigmático”, una emanación que estructura el deseo desde lo reprimido. En esta dimensión, la voz poética aparece como objeto de uso, alguien a quien se convoca para ser canal de creación, pero nunca como sujeto pleno. El verso “Tú solo me buscas para usarme” introduce claramente una relación pulsional marcada por la asimetría: el otro funciona como principio generador, pero la hablante se ve reducida a receptáculo, a un vientre simbólico del que brotan mundos ajenos. Desde la perspectiva psicoanalítica, este gesto de “preñar mundos” refleja el mecanismo de proyección: el sujeto depositando en otro su caos interno, sus deseos fragmentados, sus parafrenias, como si fuera el único modo de darles forma sin enfrentarse a ellos directamente.

La presencia de las plantas que copulan con la brisa amplía esta lógica, presentando un universo donde la reproducción ya no pertenece a los cuerpos, sino a fuerzas invisibles que se deslizan y se mezclan. La fertilidad es una acción sin dueño, un proceso flotante que no se deja aprehender ni verificar. Al igual que en el inconsciente, donde las asociaciones se propagan sin control, aquí la vida se produce sin intención y sin reconocimiento. Las semillas viajan sin ser vistas, los hijos de las plantas “nadie los conoce”, y esa anonimidad refuerza la atmósfera de desgarro: hay creación continua, pero sin genealogía, sin memoria, sin inscripción en el orden simbólico.

El poema retorna finalmente a la relación entre el “tú” y la voz poética, configurando un vínculo parasitario. Ese “allá a lo lejos” introduce la distancia que separa deseo y satisfacción, mientras el otro insiste en buscar al yo lírico para fecundar “desiertos” y “antros”, lugares que evocan huecos psíquicos, regiones secas o saturadas donde la gestación no es un acto natural sino una excrecencia del deseo. Hay una clara alusión a la pulsión de muerte en estos espacios áridos y en esa espuma “ávida” que desea parir seres imaginarios. La imaginación aparece aquí como un útero infinito, pero también como un territorio de explotación: aquello que se concibe no libera, sino que consume.

El cierre del poema intensifica este mecanismo: “me buscas para inseminar tus latidos fantásticos”. La hablante no es sujeto del deseo, sino el medio por el cual el otro da forma a aquello que no puede asumir como propio. Los seres engendrados son imposibles, “que nadie conoce, que nadie cree”, como si la realidad rechazara la legitimidad de esos nacimientos psíquicos. Esta imposibilidad de validación remite a la lógica melancólica descrita por Freud, donde el objeto perdido se vuelve sombra que recae sobre el yo. Aquí, el yo poético se convierte en territorio de gestaciones fantasmáticas que lo desgastan sin ofrecerle una identidad propia.

“Embarazos fantásticos” configura así una poética del exceso y del vacío, donde la gestación sirve como metáfora del trabajo psíquico de sostener los deseos ajenos, de ser continente para lo que el otro no puede elaborar. En su centro late una reflexión sobre el uso, la invisibilidad y la creación como carga, y sobre la forma en que el deseo, cuando no se reconoce, se vuelve explotación simbólica del cuerpo y de la imaginación del otro. El poema construye un universo donde la fertilidad es fantasmática, compulsiva, sin arraigo, y donde el yo lírico queda atrapado en el rol de matriz de lo inasible, de aquello que nace sin existir realmente en el mundo.

Bianca Alicia Alas

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