{"id":124,"date":"2025-11-17T12:35:28","date_gmt":"2025-11-17T11:35:28","guid":{"rendered":"https:\/\/rorubattino.com\/?p=124"},"modified":"2025-11-17T12:35:29","modified_gmt":"2025-11-17T11:35:29","slug":"vestibular","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/rorubattino.com\/index.php\/2025\/11\/17\/vestibular\/","title":{"rendered":"VESTIBULAR"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El poema\u00a0<strong>\u201cEn la filosof\u00eda de la ventisca y la oquedad\u201d<\/strong> contenido en <a href=\"https:\/\/amzn.eu\/d\/d8KApiw\" title=\"\">VESTIBULAR<\/a>\u00a0se despliega como un tr\u00e1nsito por el espacio on\u00edrico de la p\u00e9rdida, un paisaje donde lo natural se vuelve met\u00e1fora de un sujeto escindido que avanza sin horizonte, modulando cada imagen como un retorno obsesivo a lo que no puede nombrarse. Desde los primeros versos \u2014\u201cun sendero donde las calandrias y los encinos \/ son una agrupaci\u00f3n de ap\u00f3crifas corolas\u201d\u2014 aparece la deformaci\u00f3n perceptiva que Freud relacionar\u00eda con el trabajo del sue\u00f1o: nada es exactamente lo que deber\u00eda ser, todo se presenta bajo la l\u00f3gica del desplazamiento, como si el mundo se hubiera vuelto un decorado simb\u00f3lico en el que las formas fluct\u00faan y los l\u00edmites se desdibujan. Lo ap\u00f3crifo inaugura ya la imposibilidad de la certeza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La frase \u201cpensando en olvidar \/ y olvidando pensar\u201d funciona como un nudo lacaniano donde el sujeto se enfrenta al fracaso del dominio consciente; quien habla reconoce que el acto de olvidar es de por s\u00ed una paradoja, porque \u2014como se\u00f1ala Freud en&nbsp;<em>Duelo y melancol\u00eda<\/em>\u2014 cuanto m\u00e1s se intenta expulsar un contenido, m\u00e1s retorna investido de insistencia. El poema parece saberlo: ni el d\u00eda muere con la noche ni los nombres con las horas, porque el tiempo, en su estructura interna, no obedece al calendario sino al ritmo de la repetici\u00f3n ps\u00edquica. El yo po\u00e9tico avanza, pero avanza dentro del mismo c\u00edrculo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando el poema dice: \u201cVoy buscando cosas invisibles \/ rotas \/ inmanentes \/ cadentes \/ de toda l\u00f3gica y raz\u00f3n\u201d, lo que aparece es una figura melanc\u00f3lica que se orienta hacia objetos imposibles. Klein dir\u00eda que el sujeto se aferra aqu\u00ed a objetos parciales cuya ausencia inaugura un duelo sin fin. Buscar lo invisible es buscar lo que no puede recuperarse; buscar lo roto es sostener la esperanza de recomponer una escena originaria que jam\u00e1s vuelve a existir; buscar lo inmanente es, en t\u00e9rminos psicoanal\u00edticos, intentar aferrarse al eco del primer Otro, ese que se experiment\u00f3 como absoluto antes de fracturarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ventisca que \u201cse eterniza en un instante\u201d y la \u201clluvia leve de cicatrices\u201d condensan, mediante im\u00e1genes t\u00e1ctiles, el modo en que el poema transforma el dolor en clima. Lacan hablar\u00eda aqu\u00ed de&nbsp;<em>lo real<\/em>&nbsp;manifest\u00e1ndose: aquello que no puede simbolizarse plenamente y que irrumpe como sensaci\u00f3n pura, como inclemencia emocional. Las aves \u2014\u201ccodornices y perdices\u201d\u2014 que se pierden en la maleza y \u201cya no vuelven jam\u00e1s\u201d escenifican un abandono primario, casi un trauma temprano. Como si el poema insinuara que lo abandonado no deja rastros, s\u00f3lo la certeza de la ausencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El trueno que \u201cse arrodilla ante las osamentas de la calma\u201d introduce una inversi\u00f3n jer\u00e1rquica: lo violento cede ante lo muerto, como si el silencio tuviera m\u00e1s fuerza que el estruendo. Freud ver\u00eda en esta imagen el triunfo del principio de muerte, que se impone incluso sobre las fuerzas m\u00e1s activas. Y cuando \u201clas tardes se quiebran \/ como el yeso sobre marea \/ lenta y f\u00e9rrea\u201d, el tiempo vuelve a mostrarse fr\u00e1gil: el yeso deber\u00eda ser s\u00f3lido, pero aqu\u00ed se desmorona ante una marea que es a la vez lenta y r\u00edgida, una contradicci\u00f3n que s\u00f3lo el inconsciente puede sostener sin quebrarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El cierre del poema intensifica la dimensi\u00f3n fantasm\u00e1tica: \u201cVoy como siempre buscando cosas que no existen \/ fantasmas, \/ gente muerta\u2026 \/ A ti\u2026\u201d La figura interpelada \u2014\u201cincruenta silueta \/ de atavismos y racimos \/ de lluvia gris\u201d\u2014 se inscribe en la l\u00f3gica del objeto perdido del psicoan\u00e1lisis. Lacan llamar\u00eda a esta figura un&nbsp;<em>objeto a<\/em>: aquello que causa el deseo pero que nunca puede obtenerse. No tiene carne (\u201cincruenta\u201d), es apenas una silueta, un vestigio, un compuesto de herencias antiguas (\u201catavismos\u201d) y humedad emocional (\u201clluvia gris\u201d). En esta reducci\u00f3n a la sombra, el poema insin\u00faa que lo amado es, en esencia, una ausencia que ba\u00f1a cuerpos vulnerables: \u201clas doncecillas traumatizadas\u201d. Aqu\u00ed la escena se abre hacia el trauma colectivo, hacia figuras femeninas heridas, espectros de una historia emocional que el sujeto carga sin poder metabolizarla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En conjunto, el poema se erige como una caminata por la oquedad interior, un tr\u00e1nsito donde lo exterior refleja lo interno, donde el paisaje es un espejo roto del inconsciente. La filosof\u00eda que propone no es una doctrina, sino una po\u00e9tica del vac\u00edo, un modo de pensar a trav\u00e9s de la ventisca: aquella que difumina, confunde, erosiona y, sin embargo, permite avanzar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Bianca Alicia Alas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El poema\u00a0\u201cEn la filosof\u00eda de la ventisca y la oquedad\u201d contenido en VESTIBULAR\u00a0se despliega como un tr\u00e1nsito por el espacio on\u00edrico de la p\u00e9rdida, un paisaje donde lo natural se vuelve met\u00e1fora de un sujeto escindido que avanza sin horizonte, modulando cada imagen como un retorno obsesivo a lo que no puede nombrarse. Desde los primeros versos \u2014\u201cun sendero donde las calandrias y los encinos \/ son una agrupaci\u00f3n de ap\u00f3crifas corolas\u201d\u2014 aparece la deformaci\u00f3n perceptiva que Freud relacionar\u00eda con el trabajo del sue\u00f1o: nada es exactamente lo que deber\u00eda ser, todo se presenta bajo la l\u00f3gica del desplazamiento, como si el mundo se hubiera vuelto un decorado simb\u00f3lico en el que las formas fluct\u00faan y los l\u00edmites se desdibujan. Lo ap\u00f3crifo inaugura ya la imposibilidad de la certeza. La frase \u201cpensando en olvidar \/ y olvidando pensar\u201d funciona como un nudo lacaniano donde el sujeto se enfrenta al fracaso del dominio consciente; quien habla reconoce que el acto de olvidar es de por s\u00ed una paradoja, porque \u2014como se\u00f1ala Freud en&nbsp;Duelo y melancol\u00eda\u2014 cuanto m\u00e1s se intenta expulsar un contenido, m\u00e1s retorna investido de insistencia. El poema parece saberlo: ni el d\u00eda muere con la noche ni los nombres con las horas, porque el tiempo, en su estructura interna, no obedece al calendario sino al ritmo de la repetici\u00f3n ps\u00edquica. El yo po\u00e9tico avanza, pero avanza dentro del mismo c\u00edrculo. Cuando el poema dice: \u201cVoy buscando cosas invisibles \/ rotas \/ inmanentes \/ cadentes \/ de toda l\u00f3gica y raz\u00f3n\u201d, lo que aparece es una figura melanc\u00f3lica que se orienta hacia objetos imposibles. Klein dir\u00eda que el sujeto se aferra aqu\u00ed a objetos parciales cuya ausencia inaugura un duelo sin fin. Buscar lo invisible es buscar lo que no puede recuperarse; buscar lo roto es sostener la esperanza de recomponer una escena originaria que jam\u00e1s vuelve a existir; buscar lo inmanente es, en t\u00e9rminos psicoanal\u00edticos, intentar aferrarse al eco del primer Otro, ese que se experiment\u00f3 como absoluto antes de fracturarse. La ventisca que \u201cse eterniza en un instante\u201d y la \u201clluvia leve de cicatrices\u201d condensan, mediante im\u00e1genes t\u00e1ctiles, el modo en que el poema transforma el dolor en clima. Lacan hablar\u00eda aqu\u00ed de&nbsp;lo real&nbsp;manifest\u00e1ndose: aquello que no puede simbolizarse plenamente y que irrumpe como sensaci\u00f3n pura, como inclemencia emocional. Las aves \u2014\u201ccodornices y perdices\u201d\u2014 que se pierden en la maleza y \u201cya no vuelven jam\u00e1s\u201d escenifican un abandono primario, casi un trauma temprano. Como si el poema insinuara que lo abandonado no deja rastros, s\u00f3lo la certeza de la ausencia. El trueno que \u201cse arrodilla ante las osamentas de la calma\u201d introduce una inversi\u00f3n jer\u00e1rquica: lo violento cede ante lo muerto, como si el silencio tuviera m\u00e1s fuerza que el estruendo. 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