{"id":121,"date":"2025-11-16T14:45:22","date_gmt":"2025-11-16T13:45:22","guid":{"rendered":"https:\/\/rorubattino.com\/?p=121"},"modified":"2025-11-16T14:45:23","modified_gmt":"2025-11-16T13:45:23","slug":"tundras-infinitas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/rorubattino.com\/index.php\/2025\/11\/16\/tundras-infinitas\/","title":{"rendered":"Tundras Infinitas"},"content":{"rendered":"\n<p>El poema&nbsp;<strong>\u201cTundras Infinitas\u201d<\/strong>&nbsp;despliega un imaginario de desolaci\u00f3n que opera como una geograf\u00eda ps\u00edquica, una cartograf\u00eda del yo que insiste en fracturarse y rehacerse, evocando lo que Freud llamar\u00eda \u201cla compulsi\u00f3n de repetici\u00f3n\u201d, ese retorno constante a un territorio interno que duele pero que, parad\u00f3jicamente, constituye la \u00fanica certeza posible. Desde el verso inicial \u2014\u201cAlienado cielo me traes victorias pasajeras\u201d\u2014 el texto sit\u00faa al lector en un escenario donde lo externo se experimenta como intrusi\u00f3n, casi como un&nbsp;<em>objeto persecutorio<\/em>, en los t\u00e9rminos de Melanie Klein, que se filtra en la subjetividad para producir una victoria ef\u00edmera, contaminada por la amenaza del derrumbe. La palabra \u201calienado\u201d ya es un signo de fractura: un cielo que deber\u00eda ser continente deviene agente de despojo.<\/p>\n\n\n\n<p>La imaginer\u00eda elemental \u2014agua que arde, viento roto, gelatina de cierzos\u2014 configura un paisaje que no obedece a leyes naturales, sino al principio primario del inconsciente, que seg\u00fan Freud opera por condensaci\u00f3n y desplazamiento. El poema construye, as\u00ed, un espacio donde las fronteras se difuminan y los elementos se vuelven h\u00edbridos, convocando un mundo m\u00e1s cercano al sue\u00f1o que a la vigilia. Cuando el yo po\u00e9tico afirma: \u201cCompungido me retiro \/ como un paso soterrado de asfalto \/ que flota\u201d, se produce lo que Lacan llamar\u00eda un deslizamiento del significante: el cuerpo ya no pisa tierra firme, sino una materialidad que contradice su propia esencia. El suelo flota. El sujeto tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>El texto est\u00e1 sostenido por im\u00e1genes de p\u00e9rdida y devastaci\u00f3n que operan como restos diurnos transformados en s\u00edmbolos: \u201cesqueletos de colibr\u00edes sucios \/ cuelgan de mis l\u00e1grimas \/ como banderas rasgadas\u201d. La belleza del colibr\u00ed, elevada en tantas tradiciones a emblema de ligereza y vida, aparece aqu\u00ed despojada, rota, interferida por la suciedad. Es el triunfo del impulso de muerte freudiano que, lejos de representarse como violencia explosiva, se despliega como desgaste, descomposici\u00f3n y deterioro. Las l\u00e1grimas no limpian: suspenden cad\u00e1veres. El duelo no es proceso; es estancamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>En otro momento, el poema dice: \u201cuna lluvia que no moja \/ y un arpa rota \/ llena de musgo \/ y promesas e improntas\u201d. Esta serie de objetos que han perdido su funci\u00f3n remite a lo que Winnicott llamar\u00eda \u201cfallo ambiental\u201d: aquello que deber\u00eda sostener ya no sostiene, aquello que deber\u00eda otorgar continuidad se ha convertido en objeto muerto. La lluvia pierde su cualidad nutritiva, el arpa su capacidad de resonar, y en su lugar deja \u00fanicamente huellas, \u201cimprontas\u201d, que son como trazos mn\u00e9micos cargados de ambivalencia. No hay catarsis posible en una lluvia infecunda; no hay melod\u00eda en un instrumento tomado por el musgo.<\/p>\n\n\n\n<p>La insistencia del poema en espacios extensos \u2014planicies vac\u00edas, tundras infinitas\u2014 sugiere una subjetividad que ha perdido sus l\u00edmites. Lacan afirmar\u00eda que el yo est\u00e1 aqu\u00ed atravesado por un&nbsp;<em>goce<\/em>&nbsp;que desborda, un goce que no produce placer, sino saturaci\u00f3n. \u201cNo hay descanso \/ ni ocaso \/ ni esp\u00edritus de pleites\u00eda\u201d: la temporalidad se suspende, eliminando el ritmo, privando al sujeto de la alternancia necesaria entre tensiones y alivios. La ausencia del ocaso es la imposibilidad del cierre; la psique queda atrapada en un tiempo inacabable, como si la represi\u00f3n hubiera fracasado, dejando la crudeza del mundo interior expuesta sin mediaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Las \u201cdunas cubiertas de runas \/ y tumbas \/ y tundras \/ infinitas\u201d operan como un retorno al origen de la angustia: el lenguaje se convierte en sepultura, el territorio se vuelve signo, y el signo se vuelve desierto. Es un final que no clausura, que no contiene, sino que expande el vac\u00edo. La repetici\u00f3n del fonema \u201ctu\u2013\u201d en \u201ctumbas\u201d y \u201ctundras\u201d resuena casi como un balbuceo del inconsciente, como si el poema se desdibujara en un murmullo que insiste m\u00e1s all\u00e1 del sentido.<\/p>\n\n\n\n<p>En su conjunto,&nbsp;<strong>\u201cTundras Infinitas\u201d<\/strong>&nbsp;articula un viaje hacia la intemperie ps\u00edquica, un recorrido por un paisaje interno donde la alienaci\u00f3n es origen y destino. La escritura no busca resolver el conflicto, sino mostrarlo en su crudeza, como si el poema fuese la puesta en escena de un inconsciente que habla sin filtro, sin defensa, sin promesa de retorno. La voz po\u00e9tica no se salva, pero en su extrav\u00edo deja una huella: una po\u00e9tica del desbordamiento donde la belleza se sostiene, precisamente, en la imposibilidad de curar aquello que insiste en doler.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Biancia Alicia Alas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El poema pertenece al nuevo libro <a href=\"https:\/\/amzn.eu\/d\/7V6Pd5T\" target=\"_blank\" rel=\"noopener nofollow\" title=\"\">VESTIBULAR<\/a> disponible en AMAZON. ES<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El poema&nbsp;\u201cTundras Infinitas\u201d&nbsp;despliega un imaginario de desolaci\u00f3n que opera como una geograf\u00eda ps\u00edquica, una cartograf\u00eda del yo que insiste en fracturarse y rehacerse, evocando lo que Freud llamar\u00eda \u201cla compulsi\u00f3n de repetici\u00f3n\u201d, ese retorno constante a un territorio interno que duele pero que, parad\u00f3jicamente, constituye la \u00fanica certeza posible. Desde el verso inicial \u2014\u201cAlienado cielo me traes victorias pasajeras\u201d\u2014 el texto sit\u00faa al lector en un escenario donde lo externo se experimenta como intrusi\u00f3n, casi como un&nbsp;objeto persecutorio, en los t\u00e9rminos de Melanie Klein, que se filtra en la subjetividad para producir una victoria ef\u00edmera, contaminada por la amenaza del derrumbe. La palabra \u201calienado\u201d ya es un signo de fractura: un cielo que deber\u00eda ser continente deviene agente de despojo. La imaginer\u00eda elemental \u2014agua que arde, viento roto, gelatina de cierzos\u2014 configura un paisaje que no obedece a leyes naturales, sino al principio primario del inconsciente, que seg\u00fan Freud opera por condensaci\u00f3n y desplazamiento. El poema construye, as\u00ed, un espacio donde las fronteras se difuminan y los elementos se vuelven h\u00edbridos, convocando un mundo m\u00e1s cercano al sue\u00f1o que a la vigilia. Cuando el yo po\u00e9tico afirma: \u201cCompungido me retiro \/ como un paso soterrado de asfalto \/ que flota\u201d, se produce lo que Lacan llamar\u00eda un deslizamiento del significante: el cuerpo ya no pisa tierra firme, sino una materialidad que contradice su propia esencia. El suelo flota. El sujeto tambi\u00e9n. El texto est\u00e1 sostenido por im\u00e1genes de p\u00e9rdida y devastaci\u00f3n que operan como restos diurnos transformados en s\u00edmbolos: \u201cesqueletos de colibr\u00edes sucios \/ cuelgan de mis l\u00e1grimas \/ como banderas rasgadas\u201d. La belleza del colibr\u00ed, elevada en tantas tradiciones a emblema de ligereza y vida, aparece aqu\u00ed despojada, rota, interferida por la suciedad. Es el triunfo del impulso de muerte freudiano que, lejos de representarse como violencia explosiva, se despliega como desgaste, descomposici\u00f3n y deterioro. Las l\u00e1grimas no limpian: suspenden cad\u00e1veres. El duelo no es proceso; es estancamiento. En otro momento, el poema dice: \u201cuna lluvia que no moja \/ y un arpa rota \/ llena de musgo \/ y promesas e improntas\u201d. Esta serie de objetos que han perdido su funci\u00f3n remite a lo que Winnicott llamar\u00eda \u201cfallo ambiental\u201d: aquello que deber\u00eda sostener ya no sostiene, aquello que deber\u00eda otorgar continuidad se ha convertido en objeto muerto. La lluvia pierde su cualidad nutritiva, el arpa su capacidad de resonar, y en su lugar deja \u00fanicamente huellas, \u201cimprontas\u201d, que son como trazos mn\u00e9micos cargados de ambivalencia. No hay catarsis posible en una lluvia infecunda; no hay melod\u00eda en un instrumento tomado por el musgo. La insistencia del poema en espacios extensos \u2014planicies vac\u00edas, tundras infinitas\u2014 sugiere una subjetividad que ha perdido sus l\u00edmites. Lacan afirmar\u00eda que el yo est\u00e1 aqu\u00ed atravesado por un&nbsp;goce&nbsp;que desborda, un goce que no produce placer, sino saturaci\u00f3n. \u201cNo hay descanso \/ ni ocaso \/ ni esp\u00edritus de pleites\u00eda\u201d: la temporalidad se suspende, eliminando el ritmo, privando al sujeto de la alternancia necesaria entre tensiones y alivios. La ausencia del ocaso es la imposibilidad del cierre; la psique queda atrapada en un tiempo inacabable, como si la represi\u00f3n hubiera fracasado, dejando la crudeza del mundo interior expuesta sin mediaci\u00f3n. Las \u201cdunas cubiertas de runas \/ y tumbas \/ y tundras \/ infinitas\u201d operan como un retorno al origen de la angustia: el lenguaje se convierte en sepultura, el territorio se vuelve signo, y el signo se vuelve desierto. Es un final que no clausura, que no contiene, sino que expande el vac\u00edo. La repetici\u00f3n del fonema \u201ctu\u2013\u201d en \u201ctumbas\u201d y \u201ctundras\u201d resuena casi como un balbuceo del inconsciente, como si el poema se desdibujara en un murmullo que insiste m\u00e1s all\u00e1 del sentido. En su conjunto,&nbsp;\u201cTundras Infinitas\u201d&nbsp;articula un viaje hacia la intemperie ps\u00edquica, un recorrido por un paisaje interno donde la alienaci\u00f3n es origen y destino. La escritura no busca resolver el conflicto, sino mostrarlo en su crudeza, como si el poema fuese la puesta en escena de un inconsciente que habla sin filtro, sin defensa, sin promesa de retorno. La voz po\u00e9tica no se salva, pero en su extrav\u00edo deja una huella: una po\u00e9tica del desbordamiento donde la belleza se sostiene, precisamente, en la imposibilidad de curar aquello que insiste en doler. Biancia Alicia Alas El poema pertenece al nuevo libro VESTIBULAR disponible en AMAZON. 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